
Los números ya han situado a Iker Muniain Goñi en la historia del Athletic Club de Bilbao y en la de la Primera División española después. Ahora todos estamos a la expectativa de comprobar si su talento es capaz de llevarle tan lejos como promete. Impacientes por ver si este joven futbolista navarro puede ganarse un sitio en la historia del Athletic más allá de las fechas de su debut, superando lo que Santiago Segurola llama “el efecto champán”.
Para calibrar correctamente el margen de progresión de un talento en formación, la teoría del entrenamiento utiliza un concepto denominado “reserva de adaptación”. La reserva de adaptación es la relación entre el potencial de mejora de un jugador y los límites actuales de su rendimiento. En casos como el de Iker Muniain, la ciencia nos dice que, a sus 16 años, sus límites actuales están muy lejos de sus posibilidades de rendimiento en el futuro, una vez haya desarrollado todas sus capacidades físicas, psíquicas y emocionales. El riesgo en estos casos es exigir al jugador hasta límites que fuercen su adaptación a corto plazo y que agoten esta reserva de forma prematura. De este modo, el talento explotaría todas sus posibilidades a edades muy tempranas y alcanzaría su techo incluso antes de llegar al ecuador de su carrera deportiva. A todos nos vienen a la memoria casos de jugadores que desarrollaron todo su potencial demasiado pronto y se quedaron sin margen de mejora cuando aún rondaban los 20 anos.
Un estudio realizado en las categorías inferiores del Chelsea revela que un jugador de la Premiere League alcanza la cima de su rendimiento a los 27 años. Es una cifra que depende de muchos factores y hasta cierto punto arbitraria, pero justifica una práctica común en Inglaterra, que es la cesión de jugadores en periodos de formación a clubes más pequeños para garantizar que juegan el tiempo suficiente como para explotar su talento en los plazos óptimos. Paul Clement, entrenador asistente de Carlo Ancelotti, afirmaba el año pasado en una conferencia en Orlando que “los Rooney, Messi o Fabregas son casos extraordinarios. El tiempo de formación de un jugador tiene plazos mucho mas largos”. Basta recordar que el propio David Beckham jugó cedido en el humilde Preston North End FC en la temporada 94-95.
No es sencillo manejar los plazos, las cargas y el estrés competitivo de un futbolista que se destapa a tan temprana edad. La sombra de Julen Guerrero y su prematuro estancamiento es muy alargada. Sin embargo, la cultura futbolística de Lezama y la filosofía del Athletic son un caldo de cultivo favorable. Además, Joaquin Caparrós ha sido valiente. Valiente y atrevido porque, en la estructura de formación de talentos, el resorte final, el de la confianza del entrenador del primer equipo, suele ser el obstáculo más complicado. Ahora, el técnico de Utrera debe resolver la ecuación: disponen un diamante en bruto que para progresar ha de competir bajo exigencias acordes a su talento, pero no pueden someter al joven navarro a la carga permanente que supone el fútbol de élite desde el punto de vista físico, psicológico y anímico. Si lo hicieran, es posible que el genio de Iker saliera indemne de cualquier trance, y que incluso desarrollara todo su potencial en tiempo record, pero habría agotado su reserva de adaptación y tendríamos una estrella prematuramente estancada para el resto de su carrera. Las estadísticas dicen que, en lo que va de temporada, Caparrós va a encontrar la solución utilizando la cautela: entre Liga y Europa League, Muniain ha sido titular en cuatro de once partidos,y de ellos solo ha jugado uno completo. En total, 518 minutos que apenas superan el 50% del tiempo hasta le fecha. El entrenador le protege también en los medios, y ya desde las eliminatorias de Europa League contra el Werder Bremen, Caparrós denunciaba: "Van a cazarle. Tiene el tobillo totalmente hinchado y el reglamento es para todos igual, al margen del nombre y de los años que lleve en Primera. ¿Tiene que ser más mediático un futbolista para que le piten las faltas?". Intenta encontrar el foco de atención adecuado, protegerle en público sin desgastarle ante los medios.
En Lezama ya saben que crecerá más de su actual 1,69 de estatura, que le queda cuatro o cinco anos para alcanzar sus niveles máximos de consumo de oxígeno, o que su desarrollo hormonal le va a proporcionar más masa muscular en las próximas temporadas. Sólo hay que hallar la compleja fórmula que permita respetar los plazos de desarrollo estimulando al máximo sus capacidades. Una tarea ingente que quizá solo tenga una clave: mantener la cabeza bien amueblada.
Para calibrar correctamente el margen de progresión de un talento en formación, la teoría del entrenamiento utiliza un concepto denominado “reserva de adaptación”. La reserva de adaptación es la relación entre el potencial de mejora de un jugador y los límites actuales de su rendimiento. En casos como el de Iker Muniain, la ciencia nos dice que, a sus 16 años, sus límites actuales están muy lejos de sus posibilidades de rendimiento en el futuro, una vez haya desarrollado todas sus capacidades físicas, psíquicas y emocionales. El riesgo en estos casos es exigir al jugador hasta límites que fuercen su adaptación a corto plazo y que agoten esta reserva de forma prematura. De este modo, el talento explotaría todas sus posibilidades a edades muy tempranas y alcanzaría su techo incluso antes de llegar al ecuador de su carrera deportiva. A todos nos vienen a la memoria casos de jugadores que desarrollaron todo su potencial demasiado pronto y se quedaron sin margen de mejora cuando aún rondaban los 20 anos.
Un estudio realizado en las categorías inferiores del Chelsea revela que un jugador de la Premiere League alcanza la cima de su rendimiento a los 27 años. Es una cifra que depende de muchos factores y hasta cierto punto arbitraria, pero justifica una práctica común en Inglaterra, que es la cesión de jugadores en periodos de formación a clubes más pequeños para garantizar que juegan el tiempo suficiente como para explotar su talento en los plazos óptimos. Paul Clement, entrenador asistente de Carlo Ancelotti, afirmaba el año pasado en una conferencia en Orlando que “los Rooney, Messi o Fabregas son casos extraordinarios. El tiempo de formación de un jugador tiene plazos mucho mas largos”. Basta recordar que el propio David Beckham jugó cedido en el humilde Preston North End FC en la temporada 94-95.
No es sencillo manejar los plazos, las cargas y el estrés competitivo de un futbolista que se destapa a tan temprana edad. La sombra de Julen Guerrero y su prematuro estancamiento es muy alargada. Sin embargo, la cultura futbolística de Lezama y la filosofía del Athletic son un caldo de cultivo favorable. Además, Joaquin Caparrós ha sido valiente. Valiente y atrevido porque, en la estructura de formación de talentos, el resorte final, el de la confianza del entrenador del primer equipo, suele ser el obstáculo más complicado. Ahora, el técnico de Utrera debe resolver la ecuación: disponen un diamante en bruto que para progresar ha de competir bajo exigencias acordes a su talento, pero no pueden someter al joven navarro a la carga permanente que supone el fútbol de élite desde el punto de vista físico, psicológico y anímico. Si lo hicieran, es posible que el genio de Iker saliera indemne de cualquier trance, y que incluso desarrollara todo su potencial en tiempo record, pero habría agotado su reserva de adaptación y tendríamos una estrella prematuramente estancada para el resto de su carrera. Las estadísticas dicen que, en lo que va de temporada, Caparrós va a encontrar la solución utilizando la cautela: entre Liga y Europa League, Muniain ha sido titular en cuatro de once partidos,y de ellos solo ha jugado uno completo. En total, 518 minutos que apenas superan el 50% del tiempo hasta le fecha. El entrenador le protege también en los medios, y ya desde las eliminatorias de Europa League contra el Werder Bremen, Caparrós denunciaba: "Van a cazarle. Tiene el tobillo totalmente hinchado y el reglamento es para todos igual, al margen del nombre y de los años que lleve en Primera. ¿Tiene que ser más mediático un futbolista para que le piten las faltas?". Intenta encontrar el foco de atención adecuado, protegerle en público sin desgastarle ante los medios.
En Lezama ya saben que crecerá más de su actual 1,69 de estatura, que le queda cuatro o cinco anos para alcanzar sus niveles máximos de consumo de oxígeno, o que su desarrollo hormonal le va a proporcionar más masa muscular en las próximas temporadas. Sólo hay que hallar la compleja fórmula que permita respetar los plazos de desarrollo estimulando al máximo sus capacidades. Una tarea ingente que quizá solo tenga una clave: mantener la cabeza bien amueblada.
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