Orson Welles
Los periódicos deportivos acostumbran a recrearse en las bajas
temperaturas cuando los equipos españoles juegan competiciones europeas en
Rusia, Ucrania o Suecia. Cuando el FC Barcelona fue a jugar su partido de
Champions contra el Dinamo de Kiev, todos los titulares subrayaban que “había
que vencer al frío” o “no quedarse helados”. Si analizamos a más largo plazo, pocos
han caído en la cuenta de que, en el espacio de siete días, el Barcelona ha
pasado de jugar bajo cero en Kiev a jugarse el Mundialito de Clubes con temperaturas
cercanas a los 30 grados, previo paso por Barcelona para jugar contra el
Espanyol.
Para algunos, incidir en el cambio de temperatura como factor decisivo
en el rendimiento es un mito que pertenece a la época de los futbolistas poco preparados
y la equipación insuficiente. Pero si hacemos un recorrido cronológico por las
últimas semanas del FC Barcelona veremos las circunstancias en las que han
tenido que competir:
El 8 de diciembre el equipo de Guardiola llega a
Kiev y entrena esa misma tarde. Los jugadores llegarán a sudar un 50% de lo que
sudan en un partido en verano. Aunque no veamos sudor en sus camisetas, se
perderá agua a través de la respiración y por lo tanto hidratarse es tan
importante como siempre o más. El peligro reside en perder demasiado calor. El
frío produce una vasoconstricción en la piel para intentar conservar el calor
corporal. Esta vasoconstricción puede venir acompañada de tiritona para intentar
conservar el calor corporal y en estas circunstancias el cuerpo disminuye la
coordinación y destreza. Se pueden producir congelaciones en orejas o asma como
consecuencia de respirar aire muy frío. Además, como consecuencia de tiritar se
produce la fatiga prematura ya que se consume mucho glucógeno muscular.
El 9 de diciembre, durante el partido
con el Dinamo de Kiev, el período más delicado para la hipotermia es la segunda
mitad. El enfriamiento por evaporación y radiación aumenta debido a la humedad
de la piel (debida al sudor, lluvia o nieve) y a que las prendas están
expuestas a una mayor velocidad del viento en un momento en que la producción
de calor metabólico disminuye. El cuerpo técnico del Barcelona cuida
especialmente la vestimenta y la ingesta de hidratos de carbono. El equipo gana
y se clasifica primero de grupo jugando con una sensación térmica de -1°C.
12 de diciembre. Partido contra el
Espanyol, 1-0 y preparación para el viaje a los Emiratos Arabes.
13 de diciembre. Cuatro días después de
jugar en Ucrania, el Barcelona llega a Abu Dhabi con una temperatura de 28°C.
Al choque térmico inicial hay que añadir el cambio horario. Los trastornos más
acentuados se perciben a partir de 3
horas de diferencia y cuando el viaje se realiza hacia el este. Exactamente el
caso en el que se encuentra el Barcelona. Guardiola avisa: "Debemos ganarnos el derecho a jugar la final. No será fácil"
El equipo
llega y entrena porque realizar
una sesión de entrenamiento el día de llegada contribuirá a mejorar el proceso
de adaptación. El problema es que van justos de tiempo. Se estima que para
recuperar la normalidad y que desaparezcan los síntomas del cambio por completo
es necesario un día por huso horario atravesado. Han llegado exactamente tres
días antes para adaptarse a una diferencia de tres horas.
El
segundo obstaculo es la alta temperatura. Un deportista entrenado se aclimatan
al calor en 4 días , pero está probado que algunas adaptaciones del organismo
requieren hasta once días. Sin embargo, el día 16 el FC Barcelona derrota 3-1
al Atlante con una temperatura de 30°C y un 76% de humedad. El próximo sábado
19 jugarán la final con un clima similar.
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