El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme.
Friedrich Nietzsche
Todo momento de victoria, de máxima gloria, lleva inevitablemente escrita la palabra fin. Esta máxima, a medio camino entre el pesimismo y la apología del carpe diem, no parece cumplirse para el FC Barcelona de Pep Guardiola. El equipo ha ganado todos los títulos posibles y el entrenador sigue embarcado con éxito en el reto de motivar y obtener máximo rendimiento de un grupo que ha tocado la cima. ¿Cómo lo consigue? Todos conocemos su habilidad para liderar y dirigir el vestuario, su dominio del entorno mediático, los vídeos motivadores e incluso golpes de timón como la marcha de Eto’o. Pero Guardiola siempre piensa en clave de fútbol y la respuesta a la pregunta de este post está más cerca del campo de juego que del vestuario.
La clave ha sido introducir alternativas en el sistema de juego que, manteniendo intacto el estilo del equipo, supusieran un reto y un cambio de rutinas para los jugadores. Los cambios tácticos que el equipo ha experimentado en los últimos meses (del sistema 4-3-3 al 4-2-1-3, e incluso 4-4-2 en rombo en alguna ocasión) no son sólo una solución táctica a las debilidades del equipo. Suponen, además, un cambio de determinados automatismos, tareas de entrenamiento diferentes, distintas respuestas a los mismos problemas. El estilo, la metodología y los fundamentos del juego no se tocan, pero los jugadores tienen nuevas exigencias tácticas que alejan la rutina de los entrenamientos y les obligan a asimilar nuevas posibilidades. Las ecuaciones que plantea un partido de fútbol siguen siendo las mismas, pero ahora se llega a la solución por distintos caminos, y los que aprobaban con nota el curso pasado podrían suspender este año si se duermen y no asimilan los nuevos principios. De momento, Messi es el más listo de la clase: su cambio de posición no hace sino hacerle crecer día a día.
Guardiola no es el primer entrenador que utiliza cambios en el sistema de juego como instrumento para mantener el nivel de concentración y compromiso del grupo. En su segunda temporada en el Chelsea, Jose Mourinho abandonó el 4-3-3 para jugar con un 4-4-2. Para el entrenador portugués, el 4-4-2 es más complejo de desarrollar que el 4-3-3. Por eso el cambio de sistema obedecía a la necesidad de evitar que los jugadores se acomodaran en principios tácticos y patrones de movimiento que dominaban de tal manera que podían ser su camino a la tumba. Y es que, para sorpresa de muchos, existen más semejanzas entre Mourinho y Guardiola de las que el juego de sus equipos nos deja ver. Y ese cara a cara será el tema del próximo post, justo antes del duelo de Champions.

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